lunes, 4 de marzo de 2013

Douglas Mawson: La historia más grande de supervivencia


Sir Douglas Mawson (5 mayo 1882 - 14 octubre 1958) fue un géologo australiano. En 1910, dirigía una expedición, la Expedición Antártica Australasiática, para el rey Jorge V. Exploraba el sector de la Antártida al sur de Australia, que en ese momento era casi totalmente inexplorado. Los objetivos eran llevar a cabo una exploración geográfica y estudios científicos, incluyendo una visita al Polo Sur Magnético. Eran 31 hombres con todo un mundo a explorar en un territorio desconocido. Lo que siguió fue una de las historias de supervivencia más aterradoras de todos los tiempos.

Douglas Mawson   FUENTE

Después de haber construido una cabaña en la orilla de una bahía que llamaron Bahía de la Commonwealth, los hombres de la expedición (AAE) habían acampado en el lugar más ventoso de la Tierra al nivel del mar, con ráfagas de hasta 321 km/h.  En noviembre de 1912, partieron en ocho trineos con tres personas por cada uno en todas las direcciones posibles. En el equipo de Mawson iba el campeón de esquí suizo Xavier Mertz y Belgrave Ninnis, un inglés que servía en los Fusileros Reales. Tenían la esperanza de llegar a la lejana Tierra de Oates, descubierta por Robert Falcon Scott, sólo un año antes.

Xavier Mertz  FUENTE

Belgrave Ninnis  FUENTE


En la mañana del 14 de diciembre, 35 días después, el trío estaba a 300 kilómetros del campamento base. Los hombres habían cruzado dos glaciares principales y decenas de grietas ocultas. Justo después del mediodía, Mertz había encontrado una nueva grieta. Mawson se deslizó suavemente a través de ella y advirtió a Ninnis de la misma, pero Ninnis cruzó la grieta de frente y no en diagonal. Ciento cincuenta metros más abajo, un ronco gemido de una persona caída de espaldas y un perro aparentemente muerto, yacía junto a él. No había ni rastro de Ninnis o el trineo.

Durante tres horas, Mawson y Mertz se asomaron a las profundidades, esperando contra toda esperanza un grito de respuesta. Por fin, ellos aceptaron lo inevitable. Ninnis estaba muerto. Por la grieta también se había perdido la tienda de campaña de los tres hombres, los seis mejores perros de tiro, toda la comida para los perros, y casi toda la comida de los hombres. Mawson y Mertz improvisaron un refugio. Hicieron una especie de tienda de campaña con los trineos, y las pieles de reno. La "tienda" era tan frágil que no se podían mover a la vez, y no podían ponerse de pie.

En los primeros días de regreso a la base, impulsados por la adrenalina, hicieron un excelente kilometraje. Sin embargo, durante las siguientes dos semanas, los perros iban cayendo uno a uno. Se comían la carne dura, fibrosa de los perros, y luego tiraban los huesos y la piel a los perros esquimales restantes, que luchaban vorazmente por cada trozo.

Mawson dirigía la vuelta a casa intentando rodear las grietas de los dos principales glaciares. A la 1 de la mañana del 25 de diciembre Mawson despertó a Mertz para desearle una feliz Navidad. En ese momento solo sobreviven dos perros a los que Mertz y Mawson ayudaban a tirar del trineo. Mertz empezó a encontrarse débil el 2 de enero, tras cinco millas de caminata obligó a Mawson a montar la tienda. El 5 de enero, Mertz se negó a caminar. Mawson le convenció y consiguieron andar dos millas y media.

El 7 de enero, habían cubierto unos 200 kilómetros de su viaje de retorno, les quedaba 100 kms todavía por recorrer. Mawson descubrió que su compañero se había "ensuciado en los pantalones." Mawson desnudó a Mertz, y lo limpió y lo acostó. Esa misma tarde, Mertz comenzó a delirar. A las 2 de la mañana del 8 de enero Mertz murió. Mawson enterró a su amigo.

Mawson se encontraba ahora solo. La comida había casi desaparecido, y su estado físico era deplorable. Tres días después de la muerte de Mertz, Mawson descubrió con horror que la piel de las plantas de sus pies se habían desprendido completamente y brotaba pus y sangre. Se puso seis pares de calcetines de lana. Cada paso que daba era una agonía. Mawson estaba ahora en una carrera contra el tiempo. La expedición de socorro (un barco llamado Aurora), estaba programada para llegar a la Bahía de la Commonwealth el 15 de enero para recoger a los expedicionarios. Pero a medida que los días pasaban, Mawson estaba todavía a más de 80 kilómetros de la cabaña, y estaba cada vez más débil.

Aurora.   FUENTE


Un día, se cayó por una grieta pero la cuerda que lo unía al trineo lo salvó, pero el peso del mismo podía ser su fin. Él colgaba en el abismo. Su única oportunidad era subir por la cuerda del trineo. Alcanzó el borde de la grieta pero su peso lo llevó de nuevo hasta el final de la cuerda. La desesperación lo abrumó y pensó en lanzarse al abismo. Pero hizo de nuevo un gran esfuerzo esta vez al llegar al borde, saco las piernas en primer lugar, luego sacó el resto de su cuerpo, dio la vuelta y se desmayó, despertando una o dos horas más tarde con el cuerpo cubierto con una capa de nieve recién caída. Mawson estaba convencido de que él no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir.

Sin embargo, el 29 de enero se produjo un pequeño milagro. Justo al norte de la pista que seguía, Mawson vio algo oscuro a través de la bruma. Eran un montón de piedras cubiertas de nieve con un paño negro. En el interior, se encontró con un mensaje de tres compañeros que habían estado buscándolo y una bolsa de alimentos. Por el mensaje Mawson se enteró de que estaba a sólo 28 kilómetros de la base. Le llevaría diez días cubrir esa distancia. Por fin, el 8 de febrero, antes de que pudiera ver la cabaña, vio un punto lejano en el horizonte. Como se temía, era la Aurora el barco de rescate, dejando la bahía Commonwealth. Entonces la choza surgió a la vista, y fuera de ella, tres hombres trabajando. Mawson se detuvo y gritó agitando los brazos durante 30 segundos. Por fin, uno de los hombres lo vio.

Mawson había perdido al "Aurora" por apenas cinco horas. En su lugar, él y seis hombres más permanecieron otro año en el lugar más ventoso de la Tierra. Cuando finalmente llegaron a Australia en febrero de 1914, Mawson fue recibido como un héroe nacional y nombrado caballero por el rey Jorge V. Pasó el resto de su carrera como profesor en la Universidad de Adelaida. Cuando Mawson murió en 1958, todo Australia lamentó la perdida de su mayor explorador.


Vía: National Geographic

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