miércoles, 26 de noviembre de 2014

Firestone y el "Señor de la Guerra"


Octubre de 1992, los asesinos vestían vaqueros rotos y camisetas, pelucas de mujer y sandalias de goma baratas. Las máscaras grotescas y las drogas los hacían parecer demonios. En la oscuridad previa al amanecer, rodearon Monrovia, capital de Liberia. Ellos lanzaron su ataque sobre la ciudad dormida. Asesinaron a civiles y soldados. Una nueva fase de la guerra civil de Liberia había comenzado. Azotaría el país durante la década siguiente. Más de 200.000 personas morirían o sufrirían lesiones terribles, la mayoría de ellos civiles. La mitad de la población del país se convertiría en refugiados.

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Orquestando esta guerra estaba Charles Taylor (El Señor de la Guerra), un ególatra obsesionado con hacer de Liberia, el aliado más fiel de Estados Unidos en África. Para el ataque de esa mañana de octubre, había construido su ejército de asesinos, financiado en parte por una de las empresas más emblemáticas de Estados Unidos: Firestone.

Charles Taylor  FUENTE

Firestone tenía una plantación de caucho en Liberia desde 1926. Firestone cedió la plantación a Taylor para dirigir el asalto de octubre de 1992 sobre Monrovia. La plantación de caucho era la más grande del mundo, tenía 220 kilómetros cuadrados, aproximadamente el tamaño de Chicago. En una reunión en las selvas de Liberia en julio de 1991, la empresa accedió a hacer negocios con el señor de la guerra. Firestone surtió de alimentos, combustible, camiones y "soldados" al ejército rebelde de Taylor. En 1992 la compañía repartió más de 2.3 millones de dólares en efectivo, en cheques y alimentos a Taylor. A cambio, las fuerzas de Taylor aseguraban la seguridad de la plantación que permitió a Firestone producir caucho y salvaguardar sus activos. El Gobierno rebelde de Taylor ofreció impuestos de exportación más bajos que dieron a la compañía más beneficios.

Mientras Firestone utilizaba la plantación para el negocio del caucho, Taylor la utilizó para el negocio de la guerra. Los centros de almacenamiento y fábricas las convirtió en depósitos de armas y municiones. También utilizó el equipo de comunicaciones de la plantación para transmitir mensajes a sus seguidores, la propaganda a las masas y las instrucciones a sus tropas.

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En el momento del ataque perpetrado en octubre 1992, "Operación Pulpo", Taylor controlaba la gran mayoría de Liberia. Se enfrentaba a un gobierno interino débil en Monrovia, respaldado por 7.000 soldados. Era una guerra civil entre sus fuerzas y el gobierno de Liberia en un baño de sangre donde más facciones rebeldes se unieron en la lucha por el botín: los diamantes, la madera, el poder. En julio de 1997, Taylor ganó su guerra, y no en el campo de batalla. Fue elegido presidente, con el 75 por ciento de los votos. Muchos creían que era la única forma de detener la matanza. Después de que Taylor se convirtiera en presidente, más facciones surgieron, más derramamiento de sangre, más venganza.

Combates en Monrovia   FUENTE

En 2003, Taylor fue acusado por el Tribunal Internacional de la Haya de crímenes de guerra por sus acciones en la vecina Sierra Leona. Él renunció a la presidencia. Finalmente, fue condenado a 50 años de prisión, el primer jefe de Estado en ser condenado por crímenes contra la humanidad desde la era nazi. Firestone sostiene que en el momento de su acuerdo con Taylor, el líder guerrillero no había cometido ninguna violación de derechos humanos. Donald Ensminger era el director gerente de la plantación de Firestone cuando Taylor invadió Liberia. Fue despedido de la empresa en octubre de 1991. Él advirtió a Firestone que Taylor era un asesino.

Donald Ensminger  FUENTE

El daño que infligieron a Liberia persigue al país actualmente. Las infraestructuras en Liberia están destrozadas y el sistema de salud debilitado, haciendo frente a la propagación del virus del Ébola, que ha matado a miles de liberianos.

Johnson Sirleaf   FUENTE

La presidenta de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf reconoció que Liberia todavía no había logrado sacudirse los desastres de la época de Taylor. Johnson Sirleaf, Premio Nobel de la Paz, dijo que Firestone había beneficiado a Liberia con el empleo, construyendo carreteras hacía el interior del país... Pero al mismo tiempo, Firestone explotó a sus trabajadores, recibió concesiones injustas... Según Johnson Sirleaf: "Era una historia con pros y contras."

Vía: Propublica

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