martes, 9 de diciembre de 2014

Un curandero chantajista en el Londres victoriano


John Osterfield Wray estaba en la cama el 22 de octubre 1864, a medio vestir y sosteniendo un pañuelo en la boca. Este repentino deterioro de la salud de Wray se debió a la llegada de un policía para arrestarlo. Su actuación era el último recurso para evitar responder a cargos por exigir dinero con amenazas. La carrera de Wray como curandero había sido moralmente dudosa, pero ahora había cruzado la línea convirtiéndose en un delincuente.

Wray utilizaba el alias de 'Dr. Alfred Camp Henery' y estaba al frente de un negocio de venta de tratamientos fraudulentos a los hombres que carecían de "vigor varonil". Su negocio estaba en 52-53 Dorset Street de Baker Street en Londres. Wray se aprovechaba de un fenómeno médico y social que surgió en la década de 1830 y persistió hasta el siglo XX: La espermatorrea.

Caracterizado por pérdidas involuntarias de semen, la condición era más o menos imaginaria, pero fue ampliamente aceptada por los médicos ortodoxos y por los hombres a los que supuestamente afectaba. Se creía que si no se trataba, podía conducir a la impotencia, la locura e incluso a la muerte.

Las espermatorrea no fue inventada por los charlatanes, pero fueron rápidos para incorporarlo a sus curas. Wray y muchos otros utilizaban un modus operandi estándar para desprender a sus víctimas de su dinero. Colocaban anuncios en los periódicos en los que ofrecían una cura para este mal con total anonimato para el paciente. El afectado por la enfermedad no necesitaba ir a una consulta vergonzoso cara a cara con el médico de la familia y podía elegir un cinturón eléctrico discreto que revitalizaba sus órganos reproductivos y lo convertía de nuevo en un hombre sexualmente vigorosos. Los cinturones eran una especie de rosario de metal con un anillo a  través del cual el paciente tenía que colocar la parte afectada. Por supuesto no había corriente eléctrica en ellos. Los dispositivos tenían un depósito para sustancias cáusticas que darían una sensación de hormigueo. Junto a este tratamiento, Wray prescribiría gotas para preservar la vida (agua coloreada).

FUENTE

En 1864, un joven capitán del ejército llamado Montague Clarke sufrió síntomas nerviosos vagos que atribuyó a los efectos del alojamiento de una bala en el cráneo durante la Guerra de Crimea. Después de responder a un anuncio del "Dr Henery" y tras gastar 85£ en medicina renunció al tratamineto. Wray, sin embargo, pensó qye cartera de Clarke tenía más que dar. Wray chantajeó a Clarke para que le pagase 150£, si no pagaba pondría al tanto de su caso al Ministerio de la Guerra y su familia conocería que había estado en tratamiento por una enfermedad 'sucia' causada por la masturbación. Clarke alertó a la policía.

Wray tras su detención tuvo que decir adiós a sus cómodas almohadas por un tiempo. Fue condenado a dos años de prisión, aprendiendo que los pacientes de un médico charlatán a veces no son tan fáciles de manipular.

Vía: Victorian Supersleuth

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