martes, 9 de febrero de 2016

Kodak y las pruebas secretas atómicas norteamericanas


Es uno de los episodios oscuros del Gobierno de Estados Unidos en el siglo XX, la exposición a sustancias peligrosas a sus ciudadanos en el nombre del progreso científico. Sucedió con el experimento de la sífilis de Tuskegee, con el proyecto de control mental MKUltra y con las pruebas de la bomba atómica en las décadas de 1940 y 50. La Comisión de la Energía Atómica (AEC) sabía de los peligros de esta prueba, pero no se molestó en decírselo a nadie, bueno, excepto a la industria de las películas fotográficas.

La película fotográfica es particularmente sensible a la radiación, esa es la razón por lo que hay dosímetros hechos de película fotográfica , ya que pueden detectar rayos gamma, rayos X y partículas beta. En 1946, los clientes de Kodak empezaron a quejarse de que la película que habían comprado salía empañada. George Eastman fundador de Kodak investigó y encontró algo muy peculiar: las hojas de maíz de Indiana que estaban utilizando como materiales de embalaje estaban contaminadas con el isótopo radiactivo de yodo-131 (I-131).

George Eastman   FUENTE

Eastman Kodak en ese momento tenía algunos de los mejores investigadores del país en su equipo (la empresa incluso tuvo su propio reactor nuclear en la década de 1970 ), y descubrieron algo que no era de conocimiento público: aquellas explotaciones en Indiana habían estado expuestas a la lluvia radioactiva de la prueba nuclear de 1945 de Trinidad Nuevo México. Estas fueron las primeras explosiones de bombas nucleares en la atmósfera. Kodak mantuvo esto en silencio.





Pero la historia no termina en 1946. Los EE.UU. continuaron con las pruebas de detonación en la atmósfera, además hicieron pruebas en suelo en la década de 1950 en el Nevada Test Site. La primera prueba en Nevada fue en enero de 1951, y días más tarde, la nieve cubrió la ciudad de Rochester, Nueva York, Eastman Kodak detectó niveles de radiación 25 veces superior a lo normal a unas 1.600 millas de distancia de la zona de prueba. Kodak registró una queja junto con la Asociación Nacional de Fabricantes de fotografía (NAPM) , que contactó con la Comisión de la Energía Atómica, y Kodak por su parte en solitario también hizo lo mismo.

La AEC emitió un comunicado a la AP alegando que estaba investigando el asunto y que sus informes descartaban la posibilidad de daño a los seres humanos o a los animales. Eastman Kodak amenazó con demandar al Gobierno. La AEC para evitar la demanda propuso a Kodak y a toda la industria, dar información sobre las pruebas nucleares, los patrones del clima, el pronóstico de lluvia radiactiva y todos los datos que hicieran falta. Desde ese momento tendrían una información privilegiada que el público en general desconocía. El Gobierno proporcionó mapas y pronósticos de posible contaminación. La industria fotográfica tendría esta información cosa que no tendrían por ejemplo los productores de la cadena alimentaria.

Prueba Nuclear en Nevada 1951  FUENTE

La AEC sabía que uno de los efectos secundarios de sus pruebas era que la radiación podía entrar en el suministro de alimentos, y causar problemas de salud a largo plazo. El I-131 caería en el suelo, sería comido por el ganado y a través de su leche, transmitirse a los humanos. La tiroides necesita yodo para funcionar, las altas concentraciones de la I-131 están directamente relacionadas con un mayor riesgo de cáncer de tiroides, especialmente si hay exposición durante la infancia. Y eso es exactamente lo que sucedió a miles de niños estadounidenses. Resulta que hay una manera relativamente fácil de prevenir el cáncer de tiroides después de la exposición a la I-131, los suplementos de yodo. Pero si no se es consciente de la amenaza no utilizas la contramedida. Las pruebas nucleares atmosféricas se han relacionado con un número de hasta 75.000 casos de cáncer de tiroides en los EE.UU.

Dosis de radiación tras las pruebas nucleares de Nevada entre 1951-62  FUENTE

De acuerdo con un informe del Instituto de Investigación de la Energía y del Medio Ambiente (IEER), ya en 1953, había evidencias de el efecto perjudicial en la salud de las pruebas atómicas. Sin embargo, las pruebas continuaron sin advertir a los agricultores o al público en general hasta principios de los años 60. En el informe se afirma que el AEC sabía que la leche tenía altos niveles de radiación, pero se negó a retirarla del consumo humano, con el argumento de que ello conduciría a la desnutrición.

Este es un capítulo oscuro en la historia de los Estados Unidos; el Gobierno, a sabiendas expuso a su gente a niveles peligrosos de radiación y a la lluvia radiactiva. Y en lugar de advertir a la población, las únicas entidades externas que conocían los peligros eran los fabricantes de películas.

Vía: Imaging Resource

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