martes, 30 de junio de 2015

Un naúfrago español en el Japón del siglo XVII


Los primeros europeos llegaron a Japón en 1543 y, hasta su expulsión en 1639 (Sakoku), consiguieron una información fascinante sobre el reino de esta isla remota. Muchos de estos relatos fueron escritos por misioneros jesuitas.

Un relato notable es el de Don Rodrigo de Vivero y Velasco, un laico y experimentado gobernante que pasó diez meses en Japón en 1609-1610, Vivero escribió un informe conciso de su experiencia, y como invitado de honor de las autoridades japonesas, pormenorizó sobre papel sus audiencias con el gobernante de facto, Tokugawa Ieyasu, y su hijo Hidetada.

Tokugawa Ieyasu  FUENTE

Vivero nació en México en 1564, era de noble ascendencia española. Cuando era un niño, fue a España y sirvió como escudero de la esposa de Felipe II, Ana de Austria. De regreso a México, fue nombrado gobernador de Nueva Vizcaya, en 1599. Personalmente dirigió una expedición militar contra los indios locales y ayudó a extender el dominio español.

Cuando Don Pedro Bravo de Acuña, gobernador de Filipinas, murió, Vivero fue nombrado por su tío, Don Luis de Velasco, virrey de México, como administrador provisional de las islas hasta podría ser nombrado un gobernador permanente . Vivero navegó a Filipinas para tomar posesión de su nombramiento y llegó a Cavite, en la bahía de Manila, el 13 de junio 1608.

En la primavera de 1609 Don Juan de Silva fue nombrado nuevo gobernador de Filipinas, con su asignación temporal completada, Vivero podía volver a México. Tres naves zarparon de las Filipinas en el verano de ese año, pero sólo una llegó a México. Vivero embarcado en el San Francisco, un galeón de más de mil toneladas. El 25 de julio partió de puerto, pero apenas dejó aguas filipinas se encontró con una sucesión de tormentas y vendavales.

El 30 de septiembre, el San Francisco encalló, unos sesenta hombres se ahogaron, pero unos trescientos, incluyendo Vivero, lograron nadar y llegar a tierra. Estaban en la costa este de Japón, cerca de un pequeño pueblo llamado Iwawada, a cuarenta leguas de Edo, actual Tokio. Al conocer la noticia de la llegada de los naúfragos, el señor local, Honda Tadatomo, que residía en Otaki,  a 4 leguas de distancia se presentó acompañado de un séquito de trescientas personas, y saludó al ex gobernador de Filipinas en señal de respeto. A los españoles se les permitió partir hacia Suruga, hoy en día Shizuoka, donde el gobernante de facto de Japón, Tokugawa Ieyasu vivía.

Primera parada del ex gobernador fue en Otaki, donde fue profusamente atendido por Honda en su castillo. Vivero estaba profundamente admirado por la fortaleza, que juzgó con su ojo experimentado más adecuado para un rey que para un señor feudal.

Después fue a visitar al "Shogun" Hidetada en Edo. En la armería, había "armas suficientes para equipar a 100.000 hombres", Vivero pasó en el palacio y tomó nota de la decoración de lujo y las pinturas de pan de oro que cubrían paredes y techos. El príncipe Hidetada esperaba en una gran sala, sentado en una alfombra de terciopelo rojo bordado en oro. Agasajó a Vivero con seis túnicas japonesas y dos espadas. Hidetada insistió en que permaneciera como huésped durante cuatro días más en Edo antes de viajar a Suruga.

Tokugawa Hidetada  FUENTE

Vivero describió las calles de Edo, más amplias y mas rectas que las calles de España y por supuesto más limpias. Las casas eran de madera, de aspecto exteriormente más vulgar que las españolas el interior de estas casas era mucho más hermosos. Las calles estaban divididas por oficios, carpinteros, albañiles... Los nobles viven en calles y barrios muy diferentes a los del resto de la ciudad y ningún plebeyo o persona de clase más baja se mezcla con ellos.

Tras su estancia en Edo, Vivero partió hacia Suruga. Durante el viaje de cinco días quedó impresionado por la densa población. El país estaba excelentemente administrado, y la ley y el orden se aplicaba estrictamente.Cuando uno de los españoles se quejó a las autoridades que le habían robado una pequeña suma de dinero, el culpable fue arrestado y a las tres horas fue condenado a muerte. Horrorizado Vivero intentó convencer al magistrado local para salvar la vida del condenado. El magistrado molesto le explicó, que incluso si el hijo mayor del emperador hubiese venido a hacer la misma petición, él no hubiese indultado al reo.

Una multitud dió la bienvenida al Vivero en Suruga, una ciudad de 120.000 habitantes. Una vez más Vivero fue sorprendido por la grandeza y poderío de castillo de Ieyasu, dónde, él comentó, había incluso más soldados y armas que en el castillo de Edo. Vivero fue conducido a la presencia de Tokugawa Ieyasu, el hombre más poderoso en Japón y fundador de la dinastía que iba a gobernar el país hasta la década de 1860.

Veinte cortesanos estaban arrodillados en la sala de audiencias, listo para hacer más mínima voluntad de Ieyasu. El emperador estaba sentado en una silla cubierta con terciopelo azul, vestía una túnica de raso azul con muchas estrellas de plata y medias lunas, y llevaba una espada ceñida a la cintura. Era un anciano de 70 años de edad. La audiencia fue bastante corta, después de una conversación formal, Vivero se retiró de la cámara.

Vivero solicitó a los ministros de Ieyasu que facilitarán el trabajo a los misioneros cristianos españoles que trabajaban en Japón, para fomentar la amistad con España, y para romper relaciones con los holandeses, que no eran más que pícaros y piratas. Ieyasu dió largas a la petición del español, pero con mucho artifício y buenas formas.

Ieyasu dio una prueba más de su amistad, ofreciendo a Vivero un barco para regresar a México. Pero Vivero había recibido la noticia de que la Santa Ana uno de los barcos que partió de Filipinas había ido a parar el 22 de septiembre a Usuki, en la costa noreste de Kyushu, la más meridional de las cuatro islas principales de Japón. Por lo tanto, expresó su deseo de regresar en el Santa Ana

La ruta hacia Usuki lo llevó a través de Kioto, la antigua capital. Alrededor de un millón de personas vivían alrededor de la ciudad; Kuoto presumía de ser la ciudad más poblada del mundo. Aprovechó la oportunidad para visitar varios templos en la capital. Vivero fue a inspeccionar el Daibutsu, la estatua colosal de Buda, que él pensó que bien podría ser incluida entre las siete maravillas del mundo.

FUENTE

En Kyoto, Vivero no pudo obtener una audiencia con el 'Dairi', o verdadero emperador de Japón, cuyo poder había sido cercenado durante los siglos, y cuya misión consistía mayormente en capitanear las funciones religiosas y ceremoniales. En su informe posterior Vivero señaló que esta figura oscura que vivía en Kyoto era, de hecho, el gobernante legítimo de Japón y que su poder había sido usurpado por los militares.

En la víspera de Navidad dejó Kyoto y viajó por el río hasta el puerto de Osaka, una ciudad con una población de 200.000 habitantes y, en opinión de Vivero, el lugar más bonito en Japón. Allí se embarcó para Kyushu y pasó cerca de dos semanas a bordo, un largo período para una distancia relativamente corta. El barco siguió la práctica habitual del tráfico costero japonés que atracaba en puerto todas las noches.

Llegó a Usuki el 10 de enero 1610, rápidamente vió que el de Santa Ana no estaba en condiciones aptas para el arduo viaje a través del Pacífico de vuelta a México, y así volvió sobre sus pasos y regresó a Suruga. Ieyasu renovó su oferta de ofrecerle una nave, junto con un préstamo de 4.000 ducados para cubrir los gastos del viaje. Vivero aceptó agradecido. Salió con destino a México el 01 de agosto 1610. A bordo se encontraban Vivero y sus compañeros, así como un grupo de comerciantes japoneses, encabezados por el comerciante de Kyoto,  Tanaka Shosuke, que quería promover el comercio entre Japón y el Reino de España.. El barco llegó a su destino el 27 de octubre después de un viaje próspero y sin incidentes.

Felipe III escribió una carta en el Escorial el 20 de junio de 1613, agradeciéndole a los japoneses el trato hacia los españoles. En cuanto a Vivero, pasó a convertirse en Gobernador de Panamá en 1620 y recibió una impresionante lista de condecoraciones y honores por sus servicios a la Corona. Se cree que murió en 1636 a la edad de setenta y de dos años.

Vía: History Today

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