viernes, 30 de diciembre de 2011

Científicos que experimentaron en sí mismos.


A los científicos de esta lista, el experimentar sus investigaciones en sí mismos, era su manera de saber si sus investigaciones habían tenido éxito.


Benjamin Franklin

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Franklin


El hombre del billete de cien dólares, para probar su hipótesis de que un rayo es electricidad estática a gran escala, ató una cometa con esqueleto de metal a un hilo de seda, en cuyo extremo llevaba una llave también metálica. Haciéndola volar un día de tormenta. La cometa fue alcanzada por un rayo, y Franklin fue golpeado por la descarga eléctrica, confirmando que la llave se cargaba de electricidad, demostrando así que las nubes están cargadas de electricidad y los rayos son descargas eléctricas. Se escapó de la muerte por poco pero demostró su teoría.


Jonas Salk

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Jonas Salk 


Durante su investigación en la facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh, el doctor Jonas Salk descubrió una posible vacuna para la polio. Cuando necesitó, voluntarios sanos para la experimentación, Salk se ofreció con toda su familia para un ensayo de vacunas. La apuesta dio sus frutos, todo el mundo dio positivo por anticuerpos anti-polio. Se negó a patentar la vacuna, y nunca recibió una compensación económica por su descubrimiento. Cuando Edward R. Murrow le preguntó a Salk la razón de no haber patentado la vacuna, Salk respondió con una de sus citas más famosas: "No hay patente. ¿Se puede patentar el sol?"



August Bier

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Bier


August Bier descubrió la anestesia espinal. Su método consistía en la inyección de cocaína en el líquido cefalorraquídeo. Bier realizó el importante avance de la anestesia espinal en 1898 cuando se realizó la primera anestesia espinal planeada en una serie de 6 pacientes para cirugía de las extremidades inferiores. Después de esta serie, el doctor Bier iba a recibir una anestesia espinal administrada por su asistente, el doctor Hildebrandt.

Lamentablemente, aunque la aguja espinal fue colocado correctamente, el líquido cefalorraquídeo fluyó libremente por ella, ya que la jeringa no empato con la aguja. Como resultado de ello, el Dr Bier conoció de primera mano el desagradable dolor de cabeza después de una punción de columna vertebral. En cambio el Dr Hildebrandt también pinchado, sintió sus piernas adormecidas, la analgesia profunda de sus piernas quedó demostrada con las repetidas patadas a sus espinillas.


Werner Forssmann

Forssmann


Forssmann consiguió la primera cateterización de un corazón humano. En 1929, mientras trabajaba en el hospital de Eberswalde, realizó una incisión en la vena antecubital de su brazo, e introdujo un catéter urinario dentro de la aurícula derecha de su propio corazón. Luego, caminó hasta el departamento de radiología, donde le fue tomada una radiografía mostrando el catéter en su corazón. A pesar de que fue despedido de el hospital por este hecho, Forssmann recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1956, por sus estudios pioneros en cardiología.


Albert Hoffman


Hoffman


El químico suizo Albert Hoffman, investigaba el cornezuelo del hongo del centeno en una empresa farmacéutica, cuando descubrió el ácido lisérgico. Sus primeras pruebas no fueron concluyentes, pero Hoffman decidió volver a probar una versión sintetizada del ácido. En abril de 1943, ingiere 25/1000 de un gramo de una sustancia que llamó LSD-25 en su laboratorio. Cuenta la leyenda, que yendo a su casa en bicicleta sus ojos se abrieron a un mundo alucinógeno muy feliz. Hoy en día, los entusiastas del LSD celebran el 19 de abril como el "Día de la Bicicleta". Hoffman siguió experimentando con el LSD hasta su muerte a los 102 años.


Stubbins Ffirth


Ffirth



Fue un médico norteamericano que investigó sobre la causa de la fiebre amarilla. Tenía la teoría de que la enfermedad no era contagiosa, por la disminución de los casos durante el invierno, la explicación de Ffirth resultó ser incorrecta. Seis décadas después de su muerte, el científico cubano Carlos Finlay descubrió que los mosquitos eran portadores de la enfermedad.

Ffirth en sus investigaciones se ponía en contacto directo con fluidos corporales de las personas que se habían infectado. Empezó a hacerse incisiones en los brazos y se untaba el vómito en los cortes, y luego procedió a verterlos en sus ojos. Él no se contagió de la enfermedad y vio esto como una prueba de su hipótesis. Sin embargo, posteriormente se ha demostrado que las muestras de fluidos que había utilizado para sus experimentos eran de la última etapa de los pacientes y estas ya no eran contagiosas.


Vía: Mentalfloss


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