lunes, 21 de septiembre de 2026

La prueba de la rana (el test de embarazo viejuno)

 

    Hasta comienzos de los años setenta del siglo pasado era habitual utilizar ranas en los tests de embarazo. Por este motivo, las farmacias contaban con su propia caterva de batracios, de croar suave y seductor. Esta práctica se remontaba a décadas atrás, cuando un grupo de científicos descubrieron que al inyectar orina de una embarazada en la rana hembra africana de uñas —Xenoopus laevis— se inducía su ovulación en un plazo aproximado de dieciocho horas. El conocido método de «la rana» era bastante fiable, ya que acertaba en el 95 por ciento de los casos, si bien es cierto que tan solo daba un resultado positivo si la mujer llevaba varias semanas de la gestación. Entre sus aspectos negativos está el hecho de que las ranas quedaban «inutilizadas» durante, al menos, seis semanas después de hacer un diagnóstico. 


Test de embarazo ranas.


   En otros casos, se inyectaba orina de una mujer en machos de sapos argentinos (Rhinella aeranurm). Cuando la mujer estaba embarazada, se producía la maduración y expulsión de sus espermatozoides. Lo único que tenía que hacer el médico o farmacéutico era esperar dos o tres horas y examinar la orina del sapo al microscopio, buscando las escurridizas y esquivas células masculinas. Todos estos test tenían una base científica: únicamente las mujeres embarazadas son capaces de producir una hormona específica, la gonadotropina coriónica humana, que es la que induce esas respuestas en los anfibios.

   Cabe destacar que con estas pruebas la cosa había avanzado mucho. En la antigua Grecia, Hipócrates consideraba que la única forma de saber si una mujer estaba embarazada era introducir una cebolla en la vagina de la mujer a lo largo de una noche. Si a la mañana siguiente la hortaliza conservaba su sabor, significaba que la mujer estaba embarazada. Lo que no sabemos es a quién correspondía probar la cebolla. 

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