martes, 29 de septiembre de 2015

La historia del código de barras


Cada pocos años, la pequeña ciudad de Troy en el Condado de Miami, Ohio, celebra una ocasión histórica que durante unas semanas pone a la pequeña ciudad en el mapa mundial. El 26 de junio de 1974 a las ocho de la mañana, en el Troy Marsh Supermarket. fue el primer lugar donde se escaneó un producto con un código de barras.

La noche anterior, el personal del supermercado se puso a poner códigos de barras en cientos de artículos mientras el National Cash Register instalaba sus escáneres y computadoras. El primer "comprador" con este sistema fue Clyde Dawson, que era jefe de investigación y desarrollo para Marsh Supermarket. La cajera que lo atendió era Sharon Buchanan. El primer producto fue un paquete de chicles de Wrigley. Dawson explicó más tarde que no fue al azar: lo eligió porque nadie estaba seguro de que un código de barras podría ser imprimido en algo tan pequeño como un paquete de goma de mascar, y Wrigley había encontrado una solución al problema.

Sharon Buchanan y los chicles Wrigley   FUENTE

Ese mismo paquete de chicles, se encuentra en el Museo de Historia Americana Smithsonian, para ser exhibido allí en una exposición especial. Un segundo paquete fue preservado por Marsh Supermarkets para su celebración ritual de la UPC (Universal Product Code).

A Joe Woodland, el inventor del código de barras le había llegado la inspiración sentado en Miami Beach. Buscaba un código de algún tipo que pudiera ser impreso en comestibles y escanearlos de manera que las colas del supermercado se moviesen más rápidamente y el inventariado fuese más simple. Su búsqueda del código empezó cuando un gerente de un supermercado buscó solución al problema en el Drexel Institute of Technology en Filadelfia. Alguien le dirigió a Woodland, quien se había graduado de Drexel en 1947. Woodland ya era un inventor, y decidió asumir el reto.

Joe Woodland  FUENTE

Tan confiado estaba en encontrar una solución al dilema que Woodland dejó la escuela de posgrado en el invierno de 1948 para vivir en un apartamento propiedad de su abuelo en Miami Beach. Fue en enero de 1949 cuando Woodland tuvo la idea, aunque no fuese reconocido hasta muchos años después. Fue el Código Morse el que le dio la idea. Woodland lo había aprendido cuando estaba enlos Boy Scouts. Woodland estaba en la playa y metió sus dedos en la arena y ahí estaban las líneas que marcaban sus dedos. Las líneas podrían ser anchas y estrechas, en lugar de puntos y rayas.

De vuelta en Filadelfia, Woodland y otro graduado Bernard Silver decidieron desarrollar la idea. Presentaron una patente en el año 1949, que finalmente le fue concedida en 1952. Aunque la patente ilustra el concepto básico, utilizando una bombilla incandescente de 500 vatios. Un osciloscopio se utiliza para "leer" el código; todo era del tamaño de un escritorio. Woodland y Silver tenían la idea correcta, pero carecían de la computadora y de una luz muy brillante con la que "leer" el código de barras en blanco y negro. Con lo que no pudieron seguir adelante con su idea. Woodland fue contratado en 1951 por IBM.

FUENTE

El 16 de julio de 1960, cuando apareció el láser, el jefe de relaciones públicas de Hughes Aircraft de Culver City, California, Carl Byoir, declaró que uno de sus investigadores, Theodore Maiman, había conseguido una "luz de radio atómico más brillante que el centro del sol." Maiman lo llamó "láser", un acrónimo de (amplificación de luz por emisión estimulada de radiación).

Maiman había ganado la carrera para construir el primer láser. Él y su socio Irnee D'Haenens imaginaron que tendría muchas aplicaciones en la ciencia y la comunicación, en la industria de corte y soldadura, y en la cirugía. Pero Maiman, no veía ningún adelanto en el supermercado.

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Maiman y su rayo láser  FUENTE

En un folleto publicado por la cadena de Supermercados Kroger, preveían un futuro donde un escáner óptico leería los precios de los artículos, solicitando ayuda en ese campo. Un pequeño equipo de investigación de la poderosa Radio Corporation of America (RCA) estaba detrás de nuevos proyectos, incluyendo la posibilidad de un cajero automático, que descartaron porque "el cliente no compraría el concepto." Así que empezaron a investigar en la línea que abría la cadena Kroger.

Tenían la patente de Woodland y Silver que compraron a Philco que a su vez se la había comprado a Woodland y Silver por 15 mil dólares. Pensaban que el "ojo de buey" de círculos concéntricos sería un mejor diseño que el código rectangular. La impresión del código de barras de ojo de buey era dificultosa. Una torreta giratoria de bolígrafos y un bolígrafo diseñado para los astronautas que podía escribir al revés, resolvía algunos de los problemas. Todo este desarrollo técnico, llevó a la primera prueba en el Kroger Kenwood Plaza en Cincinnati. El 3 de julio de 1972, se instalaron los primeros lugares de pago automatizados. Se instalaron más en otras tiendas, pero instalarlos en todo el país era otro cantar.

La primera prueba de la vida real de ojo de buey de código de barras de la RCA fue en la tienda Kroger Kenwood Plaza en Cincinnati.
Código de barras de ojo de buey en un supermercado KROGER  FUENTE

Se creó una Comisión ad hoc llamada del (UPC) Código de Identificación Universal de Productos. Los representantes del comercio de alimentación fueron llamados ​​a encontrar una manera de introducir un código de producto universal, que sería común a todos los productos vendidos en los supermercados e impresas por los fabricantes y los minoristas. El código llevaría información acerca de la naturaleza del producto, la empresa que lo hizo, y así sucesivamente. Dentro de la tienda, los ordenadores "leerían" esta información con escáneres e introduciendo sus propias variaciones, lo que podría implicar ofertas y descuentos especiales.

Los fabricantes se resistían a la idea de un código universal. Los fabricantes de cartón estaban preocupados por un código impreso que podría estropear su producto. Los fabricantes de conservas no querían poner los códigos de barras en la base de latas. Tomó cuatro años llegar a una propuesta viable para toda la industria.

Siete empresas, todas ellas de los Estados Unidos, se presentaron al concurso para colocar los códigos de barras, la RCA era la favorita, sin embargo, en el último minuto, International Business Machines (IBM) hizo una oferta sorpresa. No tenía la tecnología pero sí a Joe Woodland en su equipo. Al final resultó que, a pesar de que estuvo involucrado en temas de comunicación, no fue el creador de la versión del código de barras universal. Este fue George Laurer.

George Laurer  FUENTE

Laurer se centró en las especificaciones de un código de barras que habían sido determinados por el Comité de Selección de Símbolos: tenía que ser pequeño y ordenado, máximo 1,5 pulgadas cuadradas; tenía que ser imprimible con la tecnología existente con sólo diez dígitos; el código de barras tenía que ser legible desde cualquier dirección y a gran velocidad; y tenía que tener un margen de error de menos de un código de cada 20.000.

Una división de IBM construyó un prototipo de escáner, y el Universal Product Code de Laurer fue probado con éxito. Para convencer a la Comisión de Selección de símbolos, Laurer pidió una evaluación de las simbologías rivales a científicos del Instituto de Tecnología de Massachusetts, el 30 de marzo de 1973. Finalmente el ganador fue el código rectangular de Laurer.

Para Woodland, quien murió en 2012 a la edad de 91 años, tuvo que ser una experiencia extraña presenciar la reencarnación en forma sofisticada de las líneas alargadas de Código Morse que había dibujado en la arena en 1949. Ahora había un láser a precio módico para registrar con un haz de luz concentrado las líneas verticales codificadas y un microordenador para descifrar la información.

Después de muchos años de anonimato, el hombre cuyo conocimiento del código Morse inspiró las rayas blancas y negras finalmente obtuvo cierto reconocimiento. En 1992, el presidente Bush premió a Woodland con la Medalla Nacional de Tecnología.

Vía: Smithsonian Magazine




1 comentario:

  1. Me pareció curioso enterarme que la lectora en realidad lee los espacios en blanco, no las líneas negras, ja.

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