lunes, 22 de enero de 2018

La historia olvidada de las mujeres envenenadas por el radio


Me pidieron pintar diales," escribió a los 15 años de edad Katherine Schaub. Era la primavera de 1917, Estados Unidos estaba entrando en la Primera Guerra Mundial. La pintura de los diales de los relojes era una profesión en auge para las mujeres de la clase trabajadora en los EE.UU. Un trabajo lucrativo, artístico y glamuroso que dio una oportunidad a los jóvenes de trabajar con un elemento recientemente descubierto, el radio.

Katherine Schaub tumbada en el sofá  FUENTE

Se utilizaba pintura de radio luminosa para que los números de los relojes aeronáuticos brillarán en la oscuridad, cosa muy necesaria en plena I Guerra Mundial. Se instruyó a las trabajadoras para que chupasen sus pinceles, para hacer una punta fina para mayor precisión. A las mujeres se les dijo que el radio sería una crema facial que les haría tener una belleza brillante.

El radio en aquel tiempo ya era conocido por ser peligroso, los empleados que manejaban cantidades importantes, llevaban delantales de plomo. Las empresas que trabajaban con radio insistían en que pequeñas cantidades eran beneficiosas para la salud. De hecho, toda una industria fue construida a partir de esta afirmación. En aquel tiempo minoristas del Reino Unido y EEUU vendían decenas de productos comestibles, como mantequilla, leche y chocolate, que contenían radio. En las tiendas británicas se vendían cremas faciales, sombras de ojos, barras de labios, jabones... que contenían radio. Incluso había tabletas energéticas de radio y ropa interior con radio para mejorar la vida sexual de los consumidores.


Mujer pintando el dial de un reloj con radio FUENTE


Pero vayamos con nuestras mujeres. La historia de las mujeres envenenadas comienza en Newark, Nueva Jersey. Cuatro años después de la Primera Guerra Mundial, Mollie Maggia, una antigua empleada de una fábrica de pintura con radio, murió. Ella fue la primera chica de la fábrica en morir, pero otras le siguieron, y muchas mujeres comenzaron a enfermar. Los dientes se caían, otras mujeres comenzaron a sufrir fracturas espontáneas.El radio que era visto como un elemento maravilloso, no podía ser el tóxico culpable de estas muertes y enfermedades.


Mollie Maggia tercera por la derecha con compañeras de trabajo  FUENTE

En 1925, el médico Harrison Martland, demostró la conexión entre el trabajo de las mujeres y sus enfermedades después de descubrir que había radio depositado en los huesos de las afectadas. Este diagnóstico debería haber dado lugar a la suspensión de la pintura con radio a nivel nacional. Pero las empresas estaban haciendo demasiado dinero para permitir que el destino de un par de mujeres pintoras de diales frenasen sus negocios. Arthur Roeder, presidente de Radium Corporation fue inflexible y no aceptó ningún tipo de responsabilidad.


Harrison Martland  FUENTE

En Nueva Jersey, las enfermedades de las mujeres bajaron ya que la profesión también había disminuido. Pero a 800 millas de distancia en Ottawa, Illinois, donde se había abierto una nueva factoría, los empleados no eran concientes del peligro.

En 1928, la hermanas de Mollie Maggia, también trabajadoras de la factoria de pintura con radio, se enfrentaron en los juzgados a la empresa que los había envenenado, presentando una demanda de 250 mil dólares. El caso fue llevado por un joven abogado recién salido de la Universidad de Harvard, Raymond H. Berry, y llegó a los titulares internacionales. A pesar de que a estas mujeres se les convenció para que aceptasen un acuerdo extrajudicial, (les quedaban sólo meses de vida), su demanda tuvo importantes repercusiones, en todo el país.

Las chicas de Radium Dial en Illinois fueron concientes del peligro, aunque la empresa quería convencerlas de que utilizaban un tipo diferente de radio. Las mujeres de Illinois trataron de presentar una demanda, pero la Gran Depresión se había apoderado de EEUU. A pesar de las evidencias en contra de Radium, nadie estaba dispuesto a pedir cuentas a uno de los pocos empleadores que no habían ido a la quiebra.

Años después el abogado Leonard Grossman, consiguió que las mujeres finalmente ganasen el caso, era 1938. El juez condenó a la compañía por "negligencia grave".


Portada de un periódico con el abogado Grossman y una de sus clientes  FUENTE

Katherine Schaub, aquella niña de 15 años de edad que no cabía en alegría, para recoger su pincel en 1917, había soñado con convertirse en una escritora famosa, pero el destino tenía un tipo diferente de fama para ella. Murió en 1933 y su sacrificio brilla a través de la historia más que cualquier esfera luminosa.


Vía: Telegraph

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