El gallego Agapito García Atadell, tipógrafo de profesión y miembro del PSOE, había medrado en el partido haciendo la pelota a todo el que tuviese poder. En agosto de 1936 fue nombrado jefe de una de las unidades que debían vigilar y reprimir las actividades facciosas en Madrid. La brigada que creó (que pasó a la historia con el nombre de Brigada del Amanecer), estaba formada por un grupo de cuarenta y ocho hombres, y tenía su sede en el confiscado palacio de los condes de Rincón, en el Paseo de la Castellana.
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| Agapito García Atadell FUENTE |
Enseguida se vio que a García Atadell le importaba mucho más la fama que
los resultados concretos. Sus
logros se centraban en la captura de fascistas ocultos, grandes sumas de dinero y
joyas, que entregaba a las autoridades, salvo una importante
cantidad de ese dinero y joyas que se quedaron en sus bolsillos y en los de dos de
sus colaboradores más íntimos: Luis Ortuño y Pedro Penabad.
Entre los cuarenta y ocho miembros de la Brigada había muchos individuos de la
peor calaña, que habían sido simples ladrones y asesinos y que, ahora, con un
arma en la mano, se sentían legitimados para actuar en el mismo sentido bajo el
paraguas de una ideología presuntamente revolucionaria.
No se sabe exactamente a cuánta gente asesinó el grupo de nuestro
personaje, lo especialmente despreciable es que si los
detenidos eran gente de buena posición, o lo que es lo mismo, con dinero o joyas,
pasaban a convertirse en rehenes hasta que les entregaban sus bienes. Tras ello
eran puestos a salvo en alguna delegación extranjera o se les permitía pasar a la
zona rebelde con pasaportes falsos que el mismo García Atadell y sus
compinches les proporcionaban.
Son curiosos los comportamientos primarios y
tribales que le acompañaban, los paisanos de su pueblo (Viveiro), tuviesen la ideología
que tuviesen, gozaban de su protección absoluta. También le encantaba codearse
con los aristócratas que eran capturados, tratando de copiar sus maneras, andares
y gestos refinados. Paul Preston explica cómo recibía a esos nobles en batín y hacía que
sus secretarias fuesen primorosa y coquetamente vestidas, así como que a las
puertas del palacete que ocupaba su brigada colgase un letrero en luces de
colores que rezaba « Brigada García Atadell» .
Entre sus arrestos más sonoros estuvo el de la hermana de Gonzalo Queipo de
Llano, Rosario. Lo cierto es que ella se había puesto en contacto con la brigada pensando que
estaría así más segura y a salvo de una incontrolada patrulla anarquista, y con la
esperanza de ser luego canjeada, lo que al poco logró.
Cuando ya había
reunido suficiente dinero de sus "presos", planeó escaparse de Madrid en un acto
de suprema cobardía. Su brigada había detenido a
cerca de un millar de personas, de las que cien fueron asesinadas. Temía que las fuerzas rebeldes ocupasen Madrid y que perdiese todo el botín
acumulado. Los mismos compañeros de la brigada de García Atadell
valoraron en 25 millones de pesetas de la época, las joyas que tenía en su poder. Comenzó a divulgar noticias de que su vida corría
peligro porque tanto anarquistas como comunistas querían matarlo por haber
impedido que sus milicias perpetrasen asesinatos. De esta manera él y sus dos compinches, acompañados
por la esposa de García Atadell, partieron rumbo a Alicante con el considerable
botín. Allí consiguieron pasaportes cubanos falsos y zarparon rumbo a Marsella.
De ahí lo hicieron hacia La Habana el 19 de noviembre de 1936.
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| Agapito y Pedro Penabad FUENTE |
Sin embargo, un sindicalista francés informó al cineasta Luis Buñuel, que por
entonces estaba en Francia trabajando para la República, de que había unos
españoles con muchas joyas a punto de embarcarse hacia América. Pronto se
descubrió la identidad del viajero y el contenido de sus valijas. Tan despreciable
había sido su comportamiento que la embajada de la España republicana no dudó
en ponerse en contacto con el gobierno de Franco para que le detuviese, pues el
barco hacía escala en Vigo y Santa Cruz de Tenerife. Tras obtener autorización
del gobierno de Francia, fueron detenidos en Canarias. Después de ser
interrogado fue llevado a Sevilla, en donde fue ejecutado, mediante garrote vil,
en julio de 1937.
Son conocidas las palabras de Luis Buñuel sobre Atadell, al que
tacha de simple bandido, canalla, violador y asesino por mucho que se calificase
a sí mismo de socialista.
FUENTE: "Malos de la Historia de España"


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