lunes, 30 de enero de 2012

La ley de la Silla. Discriminación positiva de principios del siglo XX


Las mujeres españolas de principios del siglo XX, con su lucha consiguieron algunos derechos civiles, por ejemplo el derecho a trabajar. Pero se daba por hecho que eran más débiles que los hombres y por el eso el 27 de febrero de 1912 se promulgó "La ley de la Silla".

La ley de la silla obligaba a los empresarios a proporcionar una silla a toda mujer que trabajara en la industria o el comercio. Los hombres podían seguir de pie, pues no se les mencionaba en dicha ley. La promotora de la ley fue la concejal de Ayto. de Madrid, María de Echarri.

María de Echarri


Lo que ocurre que esta ley que apoyaba la incorporación de la mujer al mundo laboral, recalcaba la debilidad de ellas frente a los hombres. Lo lógico hubiera sido que la ley fuese para empleados en general, no sólo para las empleadas.

Cabe destacar que a quien le vino muy bien, fue a las empleadas de Telefónica, unas empleadas que tenían que ser solteras y con falda muy por debajo de la rodillas, hasta le medían los brazos para contratarlas, para asegurarse de que llegaban a los agujeros más altos del panel frontal donde introducían las clavijas para las comunicaciones telefónicas. Gracias a esta ley pudieron trabajar sentadas.

España no fue la primera en aplicar esta ley. Fue Argentina (1907), a la que después se unieron, Chile, Uruguay... Algunos de estos países todavía recogen dicha ley en su ordenamiento laboral. 


3 comentarios:

  1. Hola, estoy intentando averiguar si esta ley sigue en vigor y si se ha extendido a todos los trabajadores, no solo a las mujeres. Gracias

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  2. Gilipollas, antes de ponerte a hablar de historia de las mujeres, LEE Y FÓRMATE. Discriminación positiva, dice. Fuera de la mentalidad del reformismo burgués, las mujeres pasaban horas y horas de pie sin moverse porque sus trabajos eran muchos más pasivos, como el trabajo textil o el trabajo de envasado. Como, además, pasaban sus vidas engendrando y pariendo, estaban sometidas al grave riesgo de los desprendimientos de útero y a los abortos espontáneos -espontáneos no eran, evidentemente, tenían unas causas concretas-. Luego piensa en qué hacía el obrero cuando llegaba a su casa. Piensa. Irse a la cantina a echarse un chato, irse a la asamblea del Ateneo. ¿Sabes qué hacían las mujeres, tonto del culo? Dedicarse a las tareas de cuidados. Criar a lxs niñxs, dar teta, limpiar, cocinar, ir al colmado a por café y patatas, hacer las camas, coser la ropa, lavarla en el río, cuidar a los enfermos y dependientes, y, para algunas otras, con suerte, su marido esa noche no venía borracho de estar con sus compañeros proletarios apestando a vino peleón y a tabaco, no la tocaba esa noche, o no le zurraba si estaba de mal humor y ella le reprendía que la cena se le había quedado fría. Gilipollas. No me digas que no te insulte porque te lo mereces y porque el tono de tu entrada ha sido insultante tanto para la historia de las mujeres como para mi como historiadora. Discriminación positiva es un concepto vacío. LEE, machirulo. LEE un poco.

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  3. Hola soy Anónimo 2. Qué vergüenza y qué ignorancia. Y qué asco. ¿A ti no te da cosica hablar de algo así sin atender a los contextos históricos y sociales?

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